Todo estaba listo, los papeles en orden, la adrenalina le recorría todo el cuerpo. Así se sentía Miguel Valencia, un boxeador bonaverense, que por tiempo y por ayudar a su familia económicamente, no pudo representar a última hora a la delegación del Valle en los Juegos del Litoral Pacífico.

Sacrificio y Entrega

La frustración se veía en sus ojos. Saber que por el trabajo no podía participar en las competencia lo deprimió, pero en el fondo tiene claro que su mamá, hermanos y estudios están primero que cualquier otra cosa. Y es que Miguel se ha convertido en uno de los pilares más fuertes de su casa, no sólo sobre el ring sino en la vida cotidiana.

El hombre detrás del triunfo

Pero esta pasión va más allá, sin importar haberse quedado por fuera, acompañó en cada pelea a sus amigos. Apoyo y consejos es lo que le ofrece al equipo vallecaucano. Desde abajo observa y le da pautas a sus compañeros de las debilidades y fortalezas que pueden explotar en cada combate.

“Al verlos pelear y ganando medallas allá arriba me hace sentir un poco mal, pero sé que pronto llegará mi hora y todos ellos estarán conmigo disfrutando ese privilegio de estar en lo más alto del podio, así como yo les doy consejos ahora, más adelante escucharé de mis amigos esas palabras que me ayudarán a mejorar en cada pelea”, dice convencido.

Trabajo y Entrenamiento

Por ahora con paciencia y mucha dedicación trabaja en una carpintería y entrena diariamente pensando en que algún día podrá darle a su familia todo lo que ha soñado con ayuda de su gran amor, el boxeo. “Toda las mañanas me despierto y lo único que me imagino es estar en un ring, quien quita que en los Olímpicos, escuchando como la gente grita mi nombre. El reconocimiento es lo que más me interesa, que mi mamá se sienta orgullosa, si puedo vivir de eso sería increíble”, apostilló Miguel.

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